LA RANA QUE QUERÍA SER UNA RANA AUTÉNTICA
DE AUGUSTO MONTERROSO
Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían...
Luisa Restrepo
... La rana salto y sakt, saltaba y saltaba y saltaba hasta que in día de tanto saltar no se pudo parar del dolor de ancas y quedó en silla de ruedas.
Por eso no debemos ejercitarnos tanto... bueno sigamos con la rana.
La rana se volvió fea y amargada y ya nadie le quería , de tanta soledad se envenenó y murió.
Brando Galvís
... Y cada vez ella sentía que le agradaba más a los demás.
La rana terminó descubriendo que casa quién tiene su propia personalidad y que ella desde el principio había sido una rana auténtica, pues era distinta a los demás. Por eso supo que, sin importar que no resaltara ante su sociedad, cada quién es único y auténtico, nadie es igual a nadie y por eso era especial. Desde el principio.
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